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  • La lista de la vergüenza : La Farmacia Rialto y el Colegio de Farmacéuticos de Madrid


    24/03/2015

    Les contaba ayer que en la edición publicada de Medicina sin engaños no apareció, por falta de espacio, la crónica de lo que le ocurrió a Jesús Fernández con su Colegio Oficial, el Colegio de Farmacéuticos de Madrid, a raíz de su negativa a vender homeopatía.

    El principio de la historia ya lo conocen: la Farmacia Rialto no solo se negaba a vender homeopatía, sino que entregaba a los clientes que solicitaban algún producto homeopático esta hoja informativa:

    ¿Cuál creen ustedes que fue la reacción del Colegio de Farmacéuticos de Madrid? ¿Aplaudir a Jesús Fernández por informar correctamente? ¿Felicitarle por demostrar que, después de todo, sigue habiendo farmacéuticos que creen en su función sanitaria y no han sucumbido a la tentación de convertirse en tenderos?

    Pues no: fue la de citarle para que compareciera ante la Comisión Deontológica del Colegio.

    Sin ninguna consecuencia, por supuesto, porque realmente la Comisión no tenía nada que decirle. Sí, es cierto que habían recibido una queja formulada por alguna asociación de médicos homeópatas, pero ni él estaba inclumpliendo norma alguna, ni la Comisión tenía legitimidad jurídica (o ética) para exigirle que dejase de negarse a vender productos no solo ineficaces, sino que además ni siquiera tienen autorización legal para su venta.

    Pero ese fue solo el primer episodio. El segundo, más absurdo aún, tuvo lugar algo más tarde: nada menos que una cita para reunirse con el Presidente del Colegio, algunos vocales y la asesoría jurídica, de nuevo para tratar del tema. Una reunión que empezaba con mal pie: al igual que ocurrió con la Comisión Deontológica, algunos de los asistentes confesaron personalmente a Jesús Fernández que ni creían en la homeopatía ni la vendían, pero que tenían que atender a las quejas de algunos homeópatas… que, por supuesto, volvieron a caer en saco roto: la actitud de la Farmacia Rialto era sencillamente irreprochable desde el punto de vista jurídico.

    No voy a dar más detalles de aquellas y otras zancadillas que fueron propinando a Jesús Fernández desde su propio Colegio Profesional. Simplemente les dejo con el tercer y último capítulo de la saga: la carta que tuvo que enviar a la Comisión Deontológica para intentar zanjar de una vez el asunto. Lean y aplaudan:

    Farmacia Rialto Gran Vía 56 28013 Madrid

    Comisión Deontológica Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid C/ Santa Engracia nº 31 28010 Madrid Madrid, 15 de abril de 2013

    El pasado martes 12 de febrero acudí a una reunión a la que me convocasteis, en principio sin conocer el motivo.

    En dicha reunión me comentasteis que una asociación de médicos que practican la homeopatía se había dirigido al Colegio para que me pidiera que dejara de informar a mis pacientes sobre la realidad de dicha pseudoterapia.

    Me encontré con un grupo de colegas que, desconociendo la realidad de dicha mancia y su regulación legal y, sin informarme de la autoría de la carta, me pedían que no atendiera a mis obligaciones como profesional técnico del medicamento, ni a las legales descritas en la Ley del Medicamento, ni siquiera a las del CÓDIGO DEONTOLÓGICO DEL COLEGIO OFICIAL DE FARMACÉUTICOS DE MADRID del que estáis encargados de velar por su cumplimiento.

    Y es que nuestra actitud se adapta a la normativa que dice que:

    20.- El farmacéutico deberá cumplir con las disposiciones legales vigentes en general y en especial con las que regulan el ejercicio de su profesión…

    de modo que, en estricto cumplimiento de las disposiciones legales vigentes, los farmacéuticos deberían abstenerse de dispensar productos homeopáticos (salvo la docena que cuentan con autorización pero que, de momento, figuran oficialmente como no comercializados).

    Pero resulta que

    3.- El farmacéutico, en su ejercicio profesional, mantendrá un comportamiento ético en todas sus actividades, incluso, si es preciso, más allá del estricto cumplimiento de la legislación vigente.

    Y teniendo en cuenta que

    1.- El farmacéutico ha de considerar, como finalidad prioritaria del ejercicio de su profesión, la mejora de la salud de la población…

    Lo lógico es que

    16.- El farmacéutico proporcionará una información veraz y adecuada a cada paciente, no fomentando en ningún caso expectativas terapéuticas injustificadas o inadecuadas y promoviendo su derecho a la prevención y diagnóstico de la enfermedad y a tratamientos eficaces y seguros.

    La Farmacia Rialto, evidentemente, está cumpliendo con esta obligación cuando informa a sus clientes de que no pueden recomendar el uso terapéutico de pseudomedicinas como la homeopatía, flores de Bach, oligoterapia y todas aquellas que no hayan demostrado científicamente su eficacia en el tratamiento, prevención y diagnóstico de enfermedades. Se trata de una información veraz, pretende no fomentar expectativas terapéuticas injustificadas, y promueve el derecho de los pacientes a recibir tratamientos eficaces y seguros.

    Por lo tanto, nuestra actitud es perfectamente coherente con aquello de que

    7.- El farmacéutico adoptará la más exigente actitud ética en todo proceso de investigación, ensayo, autorización, fabricación, distribución, promoción, custodia, publicidad, dispensación y seguimiento de los medicamentos, así como en todas las restantes modalidades de su ejercicio profesional.

    Y aunque sabemos que algunos farmacéuticos justifican la dispensación de productos homeopáticos por el hecho de que haya pacientes que los demanden, de modo que se trata de una forma de incrementar su volumen de negocio, no debemos olvidar que

    14.- El farmacéutico ejercerá su profesión de modo que contribuya al bienestar y a la salud de los pacientes, respetando su dignidad y evitando cualquier acción que ponga en riesgo, dificulte o impida su reconocimiento o ejercicio, y antepondrá el beneficio del paciente a sus legítimos intereses personales, profesionales o económicos.

    Vamos, que lo que hace la Farmacia Rialto no es solo ejemplar, sino que cumple con aquello de que

    18.- El Farmacéutico está obligado a contribuir y velar por el prestigio de la institución donde desarrolla su labor profesional.

    Si realmente os preocupaseis de velar por el correcto desarrollo de nuestra profesión, tendríais que llamar a los más de 2.000 titulares de nuestro Colegio para que cumplan nuestro código deontológico. Por cierto, todos los artículos citados son del mismo, por si no los conocéis.

    Por lo visto, lo que preocupa al esta Comisión no es que muchos de sus colegiados vendan y hasta recomienden productos sin eficacia (y, teniendo en cuenta su situación administrativa, sin la menor garantía de seguridad). No; lo que os preocupa es que un colegiado haya decidido no recomendar placebos a sus clientes o la opinión de un grupo de médicos incompetentes que practican una medicina no científica, olvidando casi todo lo aprendido en su formación universitaria y denostando toda la investigación y esfuerzos que ha supuesto el llegar a la terapéutica farmacológica científica actual.

    No puedo más que exigir una disculpa ante tal llamada de atención y ver cómo hacéis cumplir este magnífico código a tantos colegiados que no lo hacen.

    Un saludo Jesús Fernández Pérez

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