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  • La Ciencia y sus Demonios : ¿Por qué dejamos de hacer preguntas?


    21/03/2015

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    ¿Quién no se ha visto sorprendido alguna vez por una pregunta aguda de un niño?, de esas que se hacen a su vez preguntarte, ¿cómo no se me había ocurrido esa pregunta? La curiosidad, el afán de conocimiento es algo innato a nuestra especie y se pone más de manifiesto en la niñez. Es esa época de la vida en la que se absorben datos y experiencias como una esponja. Es en esa etapa cuando se hacen preguntas cruciales. Dudas como ¿por qué vemos el cielo azul o por qué las plantas son verdes y no de otro color? pueden parecer ingenuas, pero son muy complicadas de responder. De hecho en su respuesta están algunas de las claves que ayudan a entender la biofísica de la naturaleza.

    Sin embargo cuando nos hacemos adultos esa curiosidad innata parece desaparecer en muchas personas. La mayoría deja de preguntar con ese afán. Ya sea por timidez o por una falsa seguridad, la adolescencia hace que la curiosidad en lo que nos rodea disminuya. Pasear con un niño por el campo o por un museo implica un bombardeo constante de cuestiones de todo tipo. Sin embargo, con individuos adultos la cosa cambia. Lo incomprendido sigue ahí: minerales, animales, plantas, estrellas, nubes, estatuas, civilizaciones; todo eso que ni el más experto conoce completamente. Sin embargo, son los niños los que señalan hacia lo desconocido con más afán.

    La duda es la base del conocimiento, cada dato que conocemos ha venido precedido de una pregunta. De hecho los grandes genios no sólo se caracterizan por mirar más allá y encontrar soluciones geniales, sino por plantearse preguntas que nadie se había hecho antes. En cierto sentido los genios siguen acompañados de ese niño que hace preguntas impertinentes, esa cuestión que parece no tener respuesta.

    Pienso que un aspecto importante que debe cuidar la educación es el de la duda, estimular la capacidad de hacer preguntas y, con el tiempo, ir enseñando los mecanismos para encontrar respuestas a las mismas. O estimularles a que ellos mismos creen los caminos para encontrar las respuestas. Hay preguntas para los que no conocemos la respuesta, incluso estamos tan lejos que ni siquiera sabemos cuál es el camino para obtenerla. Inventar primero ese camino es la forma de alcanzarla. ¿Y cómo se llega a esa estimulación? Mirando a los clásicos, contemplando qué aspectos cuidaban en su educación. Los griegos plantearon campos multidisciplinares, enseñando a la vez matemáticas y filosofía, ciencias naturales e historia, literatura y arte. Realizando una educación integral. Todo ello moldea el cerebro, sin cerrarlo a ningún campo del saber. ¿Ciencias o letras?: ciencias y letras. Llenos de contenidos y de estímulos para que aprendan las herramientas para plantear dudas y buscar las respuestas.

    Los nuevos planes de estudio indican que se va a ir por otro camino: preferencia por lo utilitario y las aplicaciones de las diferentes disciplinas. Se olvida el propio saber y su razón del ser: el pensamiento y la duda, algo que nos distingue a los humanos del resto de organismos de la biosfera. Pero ahora quiere prevalecer el rédito y la aplicación. Da la sensación de que sólo aquello que se puede aplicar y da dinero tiene cabida. Me acuden a la mente nombres como Newton, Galileo, Copérnico, Darwin, Einstein. Cambiaron el mundo con sus descubrimientos, cambiaron mucho más que eso, cambiaron la imagen que tenemos de nosotros mismos y de nuestro entorno. Fueron revolucionarios. No buscaban aplicaciones, sólo conocimiento, desentrañar los misterios del cosmos. Y no estaban encasillados en sus disciplinas, también estaban interesados en el arte, la literatura: pintaban, tocaban algún instrumento, se extasiaban ante una gran obra musical, escribieron libros. La formación artística, lejos de ser un estorbo como algún ministro de educación ha perpetrado manifestado, es un complemento más de esa cultura en la que hay que introducir al alumno. Todo ello parece pasado de moda, y sólo lo aplicado interesa. Confío en que al menos algunos jóvenes sigan siendo curiosos, que levanten los ojos de su tablet cuando estén en el campo y se pregunten por qué hay personas que siempre están sanas, mientras otras enferman continuamente o dónde apareció el primer organismo vivo en la Tierra. Preguntas que parecen ingenuas, pero cuyas respuestas revolucionarían la ciencia.

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