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  • La Ciencia y sus Demonios : Los antigripales se nos van de las manos


    16/03/2015

    antigripal
    Hace unas semanas un paseo dominguero me sorprendió con una parafarmacia que vendía productos libres de químicas y con un chamán que tenía soluciones para todo. La opción de quedarse en casa tampoco ha estado mal. En esa hora de la siesta, en la que el sopor hace que uno no acabe de enterarse de la trama de la película que repiten por enésima vez, es asaltado en los cortes publicitarios por un carrusel de productos antigripales de todo pelaje.

    Ya lo sé, estamos en los últimos coletazos de la época en la que la gripe tiene una mayor incidencia, al menos en la zona geográfica donde vivo. Es entonces cuando las consultas médicas aparecen llenas y en urgencias de los hospitales no dan abasto. La gripe es una enfermedad producida por un virus que se trasmite con suma facilidad entre humanos. Es una enfermedad muy molesta y, en personas mayores, niños pequeños y pacientes inmunodeprimidos, puede llegar a ser muy grave. Además, algunas variantes del virus de la gripe son muy agresivas y puede tener gravedad incluso en pacientes con un sistema inmune sano. La gripe no tiene cura, por ahí ruedan algunos antivirales que aseguran su efectividad, como el Tamiflú, pero estudios independientes han sido incapaces de demostrar la eficacia de este producto. Existe una posibilidad de prevención mediante una vacuna que contiene los antígenos de los virus que se pasearán por nuestra zona en una temporada determinada y que, con mayor grado de éxito o de fracaso, dependiendo de lo afinado de la predicción, nos inmunizará contra el virus.

    La gripe tiene un conjunto de síntomas que deja postrado en cama al paciente: fiebre muy alta, dolor articular y muscular, cefaleas intensas, pérdida del apetito y, en algunos casos, molestias intestinales. Vamos, que uno acaba hecho un cuadro durante aproximadamente una semana. Todos esos síntomas se pueden aguantar estoicamente o, en el caso de no tener ganas de hacerse el Rambo, se puede optar por compuestos que alivian los síntomas. Así han aparecido analgésicos que bajan la fiebre y reducen los dolores. Los compuestos más empleados son el paracetamol, los derivados del ácido acetilsalicílico y el ibuprofeno, que bajo múltiples marcas o como genéricos y en diferentes presentaciones y dosis, encontramos en cualquier farmacia.

    Hasta ahí todo normal. Pero creo que se nos ha ido un poco de las manos la variedad de marcas y las campañas publicitarias de estos productos. Sé que vivo en una región del planeta donde existe libertad de mercado, lo entiendo, pero la proliferación de marcas, la agresividad de la publicidad (con un coste enorme para las farmacéuticas de turno, que bien podrían dedicar a I+D) y las promesas infundadas de algunos de estos medicamentos me induce a pensar que se intenta colocar al medicamento como un producto de consumo más, lo cual no me parece una buena estrategia sanitaria.

    Cuando uno tiene la gripe, no un simple catarro, sino un gripazo certificado, nada te saca de la cama. Es más, lo correcto es que nada te saque de la cama. La postración es una estrategia seleccionada por la evolución para que el portador del virus contagie al menor número posible de gente. Intentemos no ser más “listos” que la propia naturaleza. Recorrer una ciudad enfermo de gripe es una mala estrategia para nuestra especie. Además, moverse con el sistema respiratorio “en carne viva” por culpa de un virus que no tiene piedad con nuestras mucosas, puede complicar el curso de la enfermedad, abriendo la puerta a la neumonía bacteria. Pero no hay que preocuparse, cuando la gripe está en pleno apogeo, no hay nada que te haga salir de la cama, por muchas promesas de la farmacéutica de turno. Esa persona que está rodeado de pañuelos, que se toma un medicamento y sale a trabajar alegre al cabo de dos horas como el que se va de vacaciones, no es más que un producto de un spot publicitario. Esas personas abundan tanto como esas lociones que hacer crecer una hermosa melena tras dos o tres friegas en el fino cutis que recubre el cráneo.

    Pero las farmacéuticas, en su afán de decirnos que lo suyo es mejor que el producto de los demás, no paran en emplear estrategias de marketing más propias de un perfume que de un medicamento. Y lo negativo, ante tamaño despliegue, desde mi forma de ver las cosas, es que se frivoliza el producto que se anuncia. Un medicamento, un analgésico en este caso, no es una colonia. Es algo que se ha de tomar bajo prescripción médica, en unas dosis adecuadas y cuando las condiciones de salud lo exijan. No son caramelos. Muchos de estos compuestos incluyen, por aquello de hacerlo aún más atractivo, sustancias que puede provocar alergias, toxicidad si se excede la dosis y efectos secundarios no deseados si no se toman con precaución. A ver si pasa pronto esta campaña de gripe y vuelven los anuncios de perfumes, que se acerca el día de la madre.

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