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  • La lista de la vergüenza : La Universidad Complutense de Madrid y sus cursos del miedo


    28/05/2014

    Cuando, unas pocas entradas atrás, hablábamos de la conferencia de un exorcista en la Universidad de Córdoba, lo hacíamos en un tono bastante ligero: hay que reconocer que hoy en día esas cosas ya no dan miedo, si acaso risa y vergüenza. Bueno, y pasmo. Pero eso no quiere decir que nuestra sociedad no siga teniendo miedos; los hay, y también fomentados por individuos en ropones largos (aunque suelen sustituir el hábito negro por la bata blanca) que nos aseguran que los demonios están entre nosotros. Unos demonios que tampoco podemos ver ni tocar, pero que siguen infiltrándose en nuestros cuerpos amenazando no con corrompernos el alma, sino con provocarnos toda clase de males terrenales.

    Unos demonios que, afortunadamente, pueden ser exorcizados por esos mismos personajes que nos venden el miedo. Y que han sustituido los viejos púlpitos por lugares tan influyentes como las aulas de una universidad.

    Como ocurre, por ejemplo, en la Universidad Complutense de Madrid, que alberga no uno sino dos cursos dedicados a hablarnos de la reencarnación moderna de Pedro Botero: la patología ambiental.

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    Por supuesto, con esos títulos podría tratarse de cursos que abordasen realmente las patologías asociadas a factores ambientales, que las hay, y muchas. Lamentablemente, viendo los programas (en pdf aquí y aquí) y las entidades que organizan los cursos parece que van a hablar más bien de algunos de esos demonios imaginarios. Bueno, y de los exorcismos aplicables previa factura, claro está.

    La primera de esas entidades es la Fundación Alborada, creada en su día fundamentalmente para el tratamiento de las adicciones pero que desde hace unos años se dedica al creciente negocio de tratar a los afectados por “sensibilidad química múltiple”. Un cambio que se produjo, por cierto, poco antes de que su presidenta comenzase un peregrinaje por diversos medios declarando que padecía esa enfermedad, que todos estamos expuestos a ella, y que gracias a los servicios de la Fundación estaba mucho mejor. Casualidades de la vida, ya ven. Los servicios que ofrece la Fundación permiten a los enfermos conocer qué enfermedad se supone que están padeciendo y tratarla en un, cito textualmente de su web, ambiente libre de químicos tóxicos mediante procedimientos de desintoxicación, evitación de químicos (sic), inmunoterapia e incluso un chulísimo servicio de, cito otra vez textualmente, dentista medioambiental. De este modo el cuerpo (y las mandíbulas) se libra de esos malvados demonios químicos, todo por unos precios… bueno, no muy módicos. Pero ya se sabe que una enfermedad imaginaria es muchísimo más cara de erradicar que una de verdad.

    Y es que la característica fundamental de la “sensibilidad química múltiple” es precisamente esa: que según los estudios científicos, incluso con ensayos “de provocación”, se trata de una dolencia psicosomática. Los pacientes no experimentan esos síntomas cuando están en presencia de agentes químicos, sino cuando creen que lo están, aunque realmente les estén administrando algo tan inocuo como el aire puro. Se trata de una patología provocada no por la sensibilidad a determinados productos químicos, sino por el miedo a esos productos químicos. Y a los enfermos, por lo tanto, se les hace un flaco favor reforzando su miedo (y con ello su enfermedad) publicitando servicios como los de esta Fundación o, peor aún, dando categoría universitaria a esa publicidad.

    Cosa que saben muy bien los otros organizadores, la Fundación Vivo Sano, porque de hecho participan de ese gran entramado que denunció en su día Mauricio-José Schwarz dedicado a vender y explotar económicamente el miedo a otra enfermedad similar, la “hipersensibilidad electromagnética”. La Fundación comparte sede social con diversas entidades y fundaciones dedicadas a esparcir el miedo a las radiaciones electromagnéticas, entre ellas una cadena de televisión. Lo cual, por cierto, sería el colmo de la ironía si no fuera porque lo supera el propio acto fundacional de la entidad: la Fundación Vivo Sano fue constituida… por una empresa de aparatos y componentes para telecomunicaciones.

    Pero esa es la parte mala. La parte buena es que también ofrecen soluciones a ese pánico, a través de esa y otras de las franquicias de la empresa. En algunos casos muy económicas:

    escuela sin wifi

    Y en otras a través de una tienda virtual donde, previo paso por caja, pueden ustedes adquirir todo tipo de escapularios artilugios que les protegerán de los demonios electromagnéticos, alguno de los cuales, por cierto, ya ha pasado por esta lista.

    Tienda de Salud Geoambiental   Creamos espacios sanos

    Pero siempre, siempre, con el más sólido fundamento científico:

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    El problema, claro, es el mismo que veíamos con la “sensibilidad química múltiple”: la “hipersensibilidad electromagnética” también es una enfermedad psicosomática (pdf), los estudios muestran, de nuevo, que los pacientes no reaccionan a la exposición a radiaciones electromagnéticas sino a la creencia de que están siendo expuestos a ellas (pdf), y su causa real es, por lo tanto, el miedo.

    Miedo al que tan irresponsablemente contribuye la Universidad Complutense de Madrid con cursos como estos. Porque, vamos, no creerán ustedes que toda una universidad, una institución científica de categoría, creerá realmente en esas cosas, ¿verdad? ¿Verdad?

    Pues si no lo creen, si aun piensan que unos responsables universitarios no pueden caer tan bajo como para creerse ellos mismos estas cosas, mejor no lean la próxima entrada. Puede darles un yuyu. Electromagnético, claro.

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