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  • Contra molinos de viento : La apuesta de Pascal y sus fallos


    01/06/2012

    A pesar del énfasis que ha puesto a lo largo de la Historia las diferentes sectas cristianas en la fe, o sea, en la creencia en sus dogmas sin análisis crítico alguno, ha habido muchos intentos de demostrar mediante la lógica o mediante métodos "científicos" la existencia de Dios. Uno de los intentos más interesantes es la llamada Apuesta de Pascal, ideada por el matemático francés Blaise Pascal.

    Estrictamente hablando, la apuesta de Pascal no intenta demostrar la existencia de Dios, sino que nos conviene creer que Dios existe. En pocas palabras, la apuesta viene a decir que, dado que no sabemos y no podemos saber si Dios existe, tenemos que considerar el tema, básicamente como una apuesta en la que cada opción tiene una probabilidad y una recompensa/castigo. Así, las dos opciones que considera son, o bien Dios existe, o bien no existe.  De igual manera, podemos actuar de dos maneras, como si existiera, o como si no. Si Dios existe y actuamos como si existiera, nuestra recompensa sería el cielo (una recompensa infinita), mientras que si no actuamos como si no existiera iremos al infierno (castigo infinito). En el caso de que Dios no exista, no obtendríamos ningún castigo ni recompensa en ninguna de nuestras dos decisiones. De esta manera, Pascal concluye que, tanto si existe como si no existe Dios, lo mejor es actuar como si existiera. De esa manera, nuestras posibles recompensas serían o 0, o infinito, mientras que si actuamos como si no existiera, nuestras recompensas serían o 0 o menos infinito.

    Pascal estudiando la cicloide, Museo del Louvre. Fuente:Wikimedia.

    Pero, ¿planteó correctamente Pascal su apuesta? Cuando uno quiere realizar una apuesta de forma que maximice sus ganancias es importante que evalúe de forma adecuada tanto las probabilidades de cada resultado como los premios que se obtienen en cada caso. Desde que Pascal planteó su apuesta, ésta ha recibido numerosas críticas. La más importante, tal vez, es su cristianocentrismo. Tal como está planteada, la apuesta asume que únicamente es posible un dios, el cristiano. ¿Qué ocurre con la innumerable cantidad de dioses fuera del cristianismo? Cada religión exige un comportamiento diferente. Si realmente queremos estar seguros, ¿qué hacemos? ¿vamos a misa los Domingos, a la sinagoga los Sábados y a la mezquita los Viernes? ¿rezamos a los santos católicos, realizamos ofrendas a la Pachamama o quemamos seres humanos para honrar a los Manes? Porque ese es otro problema. Las diferentes religiones son contradictorias entre sí. Lo que es bueno según un dios y te garantiza la salvación, es malo para otro y te condena. Así que, ya de entrada, resulta que la apuesta no es entre dos opciones: dios sí o dios no; sino que que es entre miles de opciones: ¿qué dios/dioses adorar?

    Pero incluso si ignoramos la multitud de posibles religiones y creencias posibles, la apuesta sigue teniendo fallos de importancia. Otro "detalle" es el cálculo de probabilidades. Está implícito en el planteamiento de la apuesta que la existencia de Dios es, al menos, tan probable como su no existencia. Bien, si eso fuera tan evidente no habría habido tantas discusiones a lo largo de los siglos. Si llegamos a la conclusión de que la probabilidad de que exista un dios es infinitamente pequeña, el planteamiento de la apuesta cambia sustancialmente. Y, enlazando con el punto anterior, dada la inmensa cantidad de dioses contradictorios que se adoran hoy en día y que se han adorado en el pasado, la probabilidad de que uno acierte con el dios adecuado, suponiendo que este exista, es casi nula. Además, en muchas religiones, como la cristiana, se da gran importancia a la "verdadera fe", es decir, a realmente creer en Dios. Si uno simplemente actúa como si Dios existiera sin realmente creer en él, sino como producto de un cálculo de probabilidades, ¿realmente obtendría la salvación?

    Finalmente está el problema de cómo cuantificamos las recompensas. Según el planteamiento original de la apuesta, si no existe Dios, da lo mismo que uno crea o no en él. Pero, ¿es eso verdad? Si alguien se ordena sacerdote o monja (católicos) y renuncia a tener familia, relaciones sexuales y disfrutar, en general, de la vida, para que luego resulte que no exista el dios al que se ha encomendado, ¿diríamos que no ha perdido nada? Si empleamos todos los domingos de nuestra limitada vida en acudir a misa para escuchar guías morales basadas en un dios inexistente, ¿no perdemos nada? Si una mujer se pone un burka porque eso es lo que ordena un dios falso, ¿no pierde nada? Si realizamos costosas ofrendas para obtener el favor de divinidades inventadas, ¿realmente no perdemos nada? Así que tenemos que plantearnos, ¿en cuanto valoramos desperdiciar nuestra única y limitada vida en algo absurdo? No sé los demás, pero yo consideraría la pérdida como equivalente a la condenación eterna: una pérdida infinita.